Acerca de pequeñas y grandes indignaciones

“Así, mientras la ética forma parte de aquello

que se puede elegir, la ética de la indignación es una obligación. La caída,

el agujero es su metáfora. No es el abismo o el muro, es la caída. En

efecto, llegamos a esta ética sin elección: ‘La indignación es la

manifestación de la peste’.”

La ética de la Indignación, Freddy Javier Álvarez González

Recuerdo allá por los 90’s que corrupción era una palabra de uso corriente para explicar el comportamiento de los políticos (como casta social) en nuestro país. Este concepto es utilizado esporádicamente por quienes focalizan el núcleo de los problemas institucionales y hasta sociales en esta casta y en un puñado de instituciones también corruptas, como si estos factores estuvieran exentos de los vaivenes de la democracia post-dictatorial y un contexto histórico determinado y se hubieran posado en las esferas de poder como por arte de magia. Es decir el problema de la corrupción vino a ser una especia de chivo expiatorio para los “ciudadanos bien” quienes se eximían de la culpa tanto como aquellos políticos a quienes se criticaban. Y digo culpa porque esos señores llegan a través de los complejos procesos de tamización social de la democracia como sistema delegativo, en donde quienes delegan lo hacen a través del voto. No quiero centrarme en las variaciones de preferencias electorales de los argentinos porque sería merecedor de libros de tres tomos mínimamente. Lo que sí me parece importante subrayar es esto que se viene reformulando como una repolitización de la sociedad civil, del “poder ‘pal pueblo”, no sólo en nuestro país sino alrededor del mundo.

I

Indignación: 1. f. Enojo, ira, enfado vehemente contra una persona o contra sus actos.

Este es un nuevo concepto que ha venido ocupando las secciones políticas de los diarios alrededor del mundo. Los autodenominados “indignados” sea de Europa o Wall Street son LA noticia del despertar político de los países del norte, del primer mundo, desarrollados o como quieran llamárseles, a raíz de la gran crisis económica por la que están atravesando. A nosotros (1) pobres pequeñitos países del tercer mundo la herramienta de la politización-cada-tanto, de tomar las calles, incendiar neumáticos, hacer pintadas, barricadas, etc. nos es moneda corriente y un poco necesaria para la supervivensistencia. Quedamos así de boquiabiertos con lo que tenían los gringos adentro (¡sí! ¡a ellos también se les abrieron las venas, Eduardo!) . Según un reciente artículo del politólogo Eric Toussaint, los rasgos comunes que se pueden sacar de éstos movimientos son los siguientes: recuperación del espacio público y la exigencia de una nueva bocanada de renovación democrática, la movilización por medio de las redes sociales (¡¿la revolución será twitteada?!), las asambleas como espacios de deliberación, desobediencia cívica y por último (y más importante) que no pudieron formular sino vagamente un programa de propuestas políticas claras, más allá del manifiesto de la indignación. A esto se le pueden agregar factores como la edad, extracción social y nivel de estudio de los participantes y otras variables de análisis. Ahora la pregunta central que se desprende de esta situación es por la supervivencia de esta novedad y que alcance puede llegar a tener, y en este sentido también cabe preguntarse si realmente afectarán la repartición de fichitas y sacudirán el tablero del juego político en estos países. ¿Será la indignación una nueva herramienta política de reactualización de la democracia?. Creo que habrá que seguir con detenimiento este nuevo movimiento y en este caso los intelectuales de estos países deberán detectar con cuidado, más allá de la esperanza y el asombro que suscitaron estos nuevos aires, aquellos factores que puedan profundizar cambios reales no sólo en lo económico sino también en los esquemas de referencia de estos ciudadanos.

II

Pero hay otro plano de la indignación, el que no sale todos los días en los diarios. Es lo que podríamos llamar la “micro-sociología de la indignación”. Este plano micro está continuamente de manifiesto en nuestras sociedades. Es aquello que no llega a formularse como una propuesta política, ni siquiera se traduce en visibilidad en el espacio público. Es ese oficio sociológico de  trazar un hilo en frases cotidianas, en lo disperso. Desde “los políticos nos roban y son corruptos”, “somos pobres, no nos tienen en cuenta” hasta “ya no se puede salir más a la calle, hay mucha inseguridad”, “a éstos hay que matarlos” y todo un rango que va desde los más coherentes al típico sentido común facho clasemediero argentino. Esto vale como indignación, como objeto analizable en los cuales considero hay que separar los elementos de odio y la nebulosa que dividen las posibilidades de conformación de una voluntad colectiva más amplia y un real entendimiento de las causas de nuestros malestares comunes, para ver que estamos sujetados por una misma mano opresora y que el mismo juego que nos asigna diferentes posiciones en el tablero del juego y la repartición. Mi reflexión es sólo un posicionamiento porque sería inhumano arrogarse la representatividad del todo. Considero que la tarea intelectual más importante es poner en funcionamiento estos diferentes planos de la realidad social en vez de afianzar el velo ideológico que nos ciega. Indignación sí, en todos los planos y de la más constructiva. Status quo y represión, no.

(1) La insistencia entre un “nosotros” y un “ellos” la trazo en base a ejes históricos que nos definen como realidades conectadas pero separadas a la vez por un conjunto de características macro-sociales y de sentido común también. Estoy en contra por lo general (salvo que se trate de un uso autoconsciente) de las clasificaciones de primer, segundo, tercer, cuarto, quinto y así así de mundos.

FUENTES

http://www.forumdesalternatives.org/docs/etica_indignacion_2.pdf

http://www.unav.es/nuestrotiempo/es/temas/indignacion-politica-una-nueva-epoca

http://www.atilioboron.com.ar/2012/02/movilizaciones-populares-en-2011-un.html

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