“…siempre hay lugar para la lucha cognitiva a
propósito del sentido de las cosas del mundo y en particular de las realidades
sexuales. Cuando los dominados aplican a los mecanismos o a las fuerzas que
los dominan, o simplemente a los dominantes, categorías que son resultado de
la dominación, o en otros términos, cuando sus conciencias y sus inconscientes
son estructurados conforme a las estructuras incluso de la relación de dominio
que les es impuesta, sus actos de conocimiento son, inevitablemente, actos de
reconocimiento de la doble imposición, objetiva y subjetiva, de la arbitrariedad
de que son objeto.”
La Dominación Masculina, Pierre Bourdieu
Los tiempos cambian, nunca nos cansamos de repetir esa sentencia continuamente. Las formas de explotación se reinventan desesperadamente. Las guerras han cambiado sus métodos por formas más sofisticadas. Los medios para comunicarnos aumentan la fluidez de la información. Las mujeres, por ende, han cambiado frente a esta multiplicidad de factores también. Pero a veces no nos detenemos a analizar en qué se traducen esos cambios. Si uno lo juzgara con la sustancia “moralina” que nos dicta qué bien y qué mal han producido estos cambios, es sólo un plano análisis. Pero lo que dispara este post es otra reflexión. Sería algo así como la relación mujeres-mercado, es decir un grupo específico de la población que (como tantos otros) vive en un mundo capitalista, pero lo vive de manera diferente. Un gran ejemplo de eso lo constituyen las publicidades dirigidas tanto a hombres como a mujeres. Una mina hoy puede ser mil cosas, incluso no desear tener hijos, pero allá afuera aún no se percatan (o no quieren) de nuevos deseos y prácticas. Nos fijan nuevamente en el ámbito por excelencia en dónde nos deberíamos desenvolver con total naturalidad auto-naturalizante: el ámbito privado, doméstico. Es ahí dónde también se ejerce la violencia simbólica, concepto desarrollado por este sociólogo francés.
Ahora bien, publicidades como la que muestra ésta imagen demuestran una forma más inteligente al dominante común, pero no sutil. Somos rápidas, modernas, osadas, competimos. Esta chica despertando la imaginación de muchos con ese juego del lenguaje, excede la venta de una notebook (mercado-producto). Se intenta destacar a un nuevo modelo de mujer metropolitana (mercado-persona) y sólo con particularidades de esa geografía, ocultando a otras. No sólo oculta esa diversidad, sino que también sigue estando sujeta a las categorías de dominación masculina. Incorporamos putas, trolas, nos sentimos así, nos juzgamos así. Los cuerpos no dejan de estar politizados y en ese sentido atrapados en relaciones de poder, pero este entramado (aún en pleno siglo XXI) sigue siendo tan desfavorable como el que sustenta a la ama de casa o la princesita Disney de otras publicidades. Una nueva mujer con uñas y dientes, pero esas uñas y dientes ¿qué velos desgarran? ¿el que las sigue oprimiendo o el que les marcará el camino a la auto-conciencia?.